¿Y tú qué sabes?

Muchos ya conocen la película “¿Y tú qué sabes?“. En ella se parte de postulados de la mecánica cuántica y de las neurociencias para hilvanar toda una teoría filosófico-religiosa sobre nuestro poder para crear y cambiar la realidad. Parece que en los últimos años se han puesto de moda estas ideas, no hay más que darse cuenta del gran éxito que ha obtenido el libro “El Secreto“, que comparte muchos puntos en común con el film mencionado.

Existe una infinidad de libros de autoayuda que se nutren de la ciencia para exponer sus ideas. Y ante tales teorías, mi sensación siempre resulta ambigua.

Por una parte lamento (y me molesta) que se usen argumentos que han superado los estrictos juicios científicos para llegar a conclusiones de poco (o ningún) rigor y, a menudo, tendenciosas.

No hablaré de “El Secreto” puesto que no lo he leído. Pero sí voy a hablar de “¿Y tú qué sabes?”. La película está llena de razonamientos tendenciosos y conclusiones falsas. Sin embargo, bien usada, puede ser útil a la divulgación científica. La película parte como gancho de algunos postulados ciertamente atrayentes de la ciencia moderna, sobretodo de la mecánica cuántica. Todos estos postulados juntos bombardeando al espectador no dejan a nadie indiferente. Hay cierta trampa en su uso, pero en 10 minutos despiertan en los profanos en la materia el deseo por saber más.

Una vez captado el interés, se desarrollan las diferentes teorías del film a partir de una extrapolación de la mecánica cuántica a la realidad macroscópica. Los argumentos, para el gran público, resultan sorprendentes y obligan al espectador a redefinir todo lo que hasta ahora creía conocer. Como profesor, cuando consigo este estado en mis alumnos, me siento ciertamente satisfecho. Romper los limites y los prejuicios es necesario para avanzar.

En el desarrollo de las teorías y sus conclusiones es donde el papel de un “acompañante escéptico” resulta fundamental para aclarar los errores, falsedades o tergiversaciones que se suceden durante la proyección. De este modo, se llega a un doble aprendizaje:

  • Conocer y despertar interés por la ciencia en el público.

  • Conocer la esencia que subyace en toda manipulación: tomar sorbos descontextualizados de la realidad para construir una diferente.

Me parece interesante detenerme en este punto:

La ciencia explica la realidad tal y como es;

La religión la explica tal y como al predicador le interesa que sea;

Y los libros de autoayuda tal y como el lector quiere que sea.

En este panorama, la ciencia es el único que no ofrece consuelo. Cierto que no es esa su misión pero tampoco podemos culpar al ser humano de su debilidad. La película “¿Y tu que sabes?” es, en mi opinión, una mezcla entre ciencia y autoayuda. A partir de sorbos de realidad científica da respuesta a las inquietudes “espirituales” del espectador. ¿Es eso malo? Depende.

No se puede cambiar el mundo con solo mirarlo (algo que se propone en el film) pero sí se puede ver con otros ojos. El estrés, la tristeza y el temor son estados que perjudican a nuestro organismo. Forman nuestra realidad interna y allí sí podemos procurar un cambio.

Muchas personas que han visto la película o han leído “El Secreto” han deseado ser mejores personas. Y eso, es bueno.

Algunos artículos muy interesantes que destapan los errores y manipulaciones:

Sobre “¿Y tú qué sabes?”:

Sobre “El Secreto”:

Links para visionar el film:

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