Nuestro libre albedrío

Acabo de mover mi mano. Lo he hecho porque he querido. Nadie me ha obligado. De pronto he decidido moverla. Consciente de ello. Consciente de que nadie ni nada sabía que la movería. Porqué soy libre para improvisar… o no?

En 1976, H. H. Kornhuber registró la actividad cerebral de los voluntarios mientras realizaba este experimento. Los sujetos observados movían su mano cuando se les antojaba, a su libre albedrío. Los resultados, sin embargo, mostraron algo inquietante: Incluso en los movimientos más improvisados, el cerebro ya había iniciado su actividad 1 segundo antes!

¿Por qué se preparaba para mover la mano si, ni el propio sujeto, aún no había tomado la decisión? ¿Tal vez su inconsciente ya la había tomado de antemano? ¿Dónde está el libre albedrío, entonces?

Fernando Alonso debe su carrera (y su vida) a reacciones controladas por su inconsciente.
Fernando Alonso debe su carrera (y su vida) a reacciones controladas por su inconsciente.

Roger Penrose analiza este fenómeno en su libro Las Sombras de la Mente y propone 3 panoramas:

  1. El libre albedrío es una pura ilusión y el inconsciente programa de antemano cualquier acción.
  2. A veces, y solo a veces, la voluntad puede actuar para invertir la decisión tomada por el inconsciente.
  3. El sujeto decide conscientemente la acción, pero su cerebro percibe, erróneamente, ese instante con un segundo de retraso.

Cualquiera que se autodenomine espíritu libre, se aferrará a la 3ª opción. Sin embargo, experimentos realizados con posterioridad por Benjamin Libet, la rechazan totalmente. El inconsciente decide primero y la “voluntad” actúa después.

Benjamin Libet también demostró que el cerebro no es consciente de un estímulo exterior hasta pasados 0,5 segundos. Es decir que, entre un estímulo inesperado y una reacción improvisada, pero consciente, pasan hasta 1,5 segundos. Mucho tiempo.

En este punto existen 2 aspectos vitales:

  • La reacción debe ser improvisada. Cuando el sujeto espera el estímulo para reaccionar se llama reacción preprogramada (como un atleta esperando el disparo de salida), en estos casos el tiempo de reacción se reduce a 0,2 segundos.
  • La reacción debe ser consciente. Las reacciones inconscientes también se producen en unos 0,2 segundos, como por ejemplo un sobresalto. Sin embargo, el sujeto tarda 1,5 segundos en ser consciente de la situación que le ha sobresaltado. Trata de recordar una broma pesada a un amigo y el tiempo que duró la expresión de estupor en su rostro.

Nuestra consciencia solo es un pasajero en las decisiones del insconsciente.

De modo que todas aquellas reacciones que tengan lugar antes de 1,5 segundos son controladas por el inconsciente. La voluntad no puede hacer nada, solo es un mero espectador.

Analicemos el día a día. ¿Cuantas situaciones requieren reacciones de forma tan rápida? Muchas, tal vez la mayoría. En cualquier conversación, con frecuencia respondemos en menos 1,5 segundos. Por lo tanto la voluntad, solo es un espectador. ¿Quién no ha tenido nunca la sensación de estar diciendo algo y darse cuenta, a posteriori, de que no debía haberlo dicho? ¿Quién no ha tenido nunca una reacción de la que, a posteriori, se arrepiente? ¿Quién no ha hecho alguna vez algo por motivos que no alcanza a explicar?

Incluso cuando tenemos una feliz idea, ha sido el inconsciente quien la ha estado madurando para acabar ofreciéndola en bandeja a la mente consciente, quien la recibe con inocente ilusión.

Aquellos lectores que puedan sentirse frustrados ante tal falta de control, tal vez prefieran no leer los últimos estudios del doctor John-Dylan Haynes del Centro Bersteim para la Neurociencia Computacional de Berlín.

El doctor Haynes ha utilizado la “Exploración de resonancia magnética funcional” (o fMRI), una tecnología más moderna y refinada que los encefalogramas de sus predecesores, para estudiar el mismo fenómeno. Sus conclusiones parecen apuntar a que el cerebro, en realidad, se está preparando para la acción hasta 7 segundos antes de realizarla (Nature Neuroscience, abril de 2008).

Rindámonos, pues, al inconsciente.

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Una respuesta a Nuestro libre albedrío

  1. miquel dijo:

    No conocía los trabajos del doctor Haynes. Soy partidario de la inexistencia del libre albedrio, dejo expuesta mi opinión en el blog “memorias de soledad”. Nuestra conciencia es un mero espectador de nuestra historia.

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