Consideraciones sobre las guarderías

El primer día en la guardería es un momento duro para muchos padres e hijos. Las obligaciones profesionales a menudo impiden a los padres cuidar de su hijo durante gran parte de la jornada. La situación nunca es agradable y siempre surgen las mismas preguntas: ¿Cuales son los beneficios de la guardería? ¿Son perjudiciales? En este post intentaré ayudar a los padres con algunas respuestas.

Muchos especialistas opinan que las guarderías representan grandes beneficios para los niños. Además de jugar y divertirse, aprenden a reconocer el sentimiento de amistad y pertenencia a un grupo, a cumplir ciertas reglas, a adaptarse al entorno, a comunicarse.otencian sus instrumentos comunicativos con otros niños. En contraposición surgen los grandes temores: enfermedades, sentimiento de abandono (lo que aumenta la secreción de cortisol -hormona del estrés- y puede derivar en caracteres difíciles o alteraciones del sueño), atención repartida con otros niños (un menor afecto puede afectar a la autoestima e, incluso, desembocar en estados depresivos).

Todo ello es cierto, aunque es interesante matizar lo que los estudios científicos aportan al respecto:

RELACIONES SOCIALES

La Doctora Liselotte Ahnert, profesora de psicología del desarrollo de la Universidad de Viena, afirma que el niño menor de 18 meses no comprende las relaciones de amistad y compañerismo como tales. Juega junto a otros niños, pero no con ellos. Sin embargo,

las investigaciones indican que los niños adoptan ciertos patrones incipientes de lo que será una futura relación con un compañero.

La correcta adquisición de estos pre-patrones puede facilitar el desarrollo social del niño en el futuro, por ejemplo, comprender la importancia de un consenso ante un conflicto así como de cumplir los compromisos “acordados”. Ello no suele existir en la relación con un adulto (padres o cuidadores) ya que a menudo se ve obligado a acatar la decisión del adulto.

Por otro lado, el Instituto de la Salud del Niño y el Desarrollo Humano (NICHD), en su estudio de Cuidado Infantil Temprano y Desarrollo de la Juventud (SECCYD) realizado con más de 1300 niños y familias desde 1991 y dirigido por Deborah Lowe Vandell, de la Universidad de California, concluye que:

Los adolescentes que en su niñez (durante los primeros cuatro años) acudieron a guarderías de mayor calidad obtuvieron puntuaciones más altas en el desarrollo cognitivo y en los logros académicos que los que asistieron centros infantiles de menor calidad.

Uno de los parámetros que definen la calidad es el número de niños por cuidadora. La Academia Norteamericana de Pediatría recomienda una pedagoga para cada 3 niños menores de 1 año, 4 para niños de 2,5 años y un máximo de 7 para niños de tres años.

En el mismo estudio del NICHD se matiza la importancia de que los niños no pasen demasiadas hora en la guardería:

Aquellos pequeños que más horas pasaron en las guarderías durante la infancia eran más impulsivos y adoptaban más conductas de riesgo en la adolescencia que los que menos tiempo permanecían en ellas.

Algunos expertos cuestionan dicho estudio. Según ellos es difícil extraer unas conclusiones científicas rigurosas puesto que los niños no asisten con una regularidad escrupulosa a las guarderías sino que en algunas épocas pasan más horas que en otras. Por otra parte, más allá de lo que suceda en la guardería, siempre son los padres quienes ejercen la mayor influencia en el desarrollo emocional y cognitivo del niño.

Otro estudio realizado en Suecia por Bengt-Erik Andersson afirma que los niños cuidados en las guarderías obtienen mejores rendimientos académicos en el futuro. Pero hay que recordar que en Suecia, los cuidadores de guardería son pedagogos con 3-4 años de formación universitaria, algo que no sucede en muchos países (incluido España).

EL AFECTO

La Doctora Eulàlia Torras de Beà, presidenta del Instituto de Psiquiatría y Psicología del Niño y del Adolescente y promotora del Manifiesto “Más Tiempo con los Hijos”,  afirma rotundamente que “La guardería no puede criar saludablemente a un bebé“. Según la Doctora Torras,

lo que fortalece emocional, cognitiva y físicamente al bebé es el propio hogar, los brazos de mamá y papá, un círculo reducido de persona.

Alterar el entorno estable del bebé puede frenar su interés por explorar y, en consecuencia, su maduración. Los estudios de Liselotte Ahnert también apuntan conclusiones en este sentido.

La Doctora Torras no recomienda que el niño “abandone” el hogar antes de los 3 años y acusa al uso excesivo de las guarderías el aumento de consultas psicopatológicas en niños cada vez menores. “España es el tercer país que más psicofármacos receta a menores” (tal vez la tendencia excesiva de muchos médicos a recetar fármacos también influya en este dato).

“De los cero a los dos años,” – afirma la Doctora Torras – “cuando más plástico es el cerebro, las neuronas del bebé se desarrollan según la calidad de los estímulos que recibe por interacción con las personas centrales de su mundo: abrazos, achuchones, caricias, risas, balanceos, movimientos, sonidos, voces, cantos, palabras, mimos, cariños, músicas, olores, colores, sabores y besos”.

Es evidente que estos estímulos no se pueden dar en grado óptimo en una guardería. Pero hay que recordar que las madres no son siempre tan cariñosas, atentas, dispuestas a estimular y animar a sus hijos, sino que también pierden la paciencia, sufren estrés y necesitan “desconectar”. Liselotte Ahnert defiende que, aún suponiendo que las madres dispongan de los conocimientos y la estabilidad emocional necesaria para estimular adecuadamente a su hijo, en ocasiones puede resultar beneficioso ser cuidados por profesionales y relacionarse con compañeros. Lo ideal sería que los padres y cuidadores trabajen en estrecha colaboración.

LA SALUD

Otro aspecto que suele preocupar a los padres es la salud. Los niños suelen enfermar en la guardería. Todo el mundo es consciente y lo acata. Pero, ¿ello forma parte de un proceso natural del desarrollo inmunitario del niño? ¿Puede reforzarlo? En un reciente estudio del American Journal of Respiratory and Critical Care Medicine se concluye que

los niños que van muy pronto a la guardería tienen más problemas respiratorios en el primer año pero menos a los 4-5 años. Y, cuando cumplen ocho años, la situación se iguala y todos sufren los mismos trastornos y tienen las mismas probabilidades de ser asmáticos o alérgicos.

Por su parte, dejar al niño en la guardería suele percibirse com un “abandono” por parte del menor. Esta situación aumenta los niveles de cortisol (hormona del estrés) cuando el niño llega a la guardería y disminución cuando sale de ella. Los niveles altos y persistentes de cortisol pueden derivar en consecuencias fisiologicas, psicológicas y emocionales. En este sentido, la Doctora Megan Gunnar, de la University of Minnesota, concluye en un estudio realizado a 150 niños de 3 y 4 años en 110 guarderías que el 40% de los niños tenían niveles elevados de cortisol. Sin embargo matiza que el cortisol solo aumentaba en los niños cuyos cuidadores eran invasivos o demasiado controladores.

¿QUÉ HACER?

Como conclusión, antes de llevar a tu hijo a la guardería hay que tener en cuenta ciertos aspectos:

  1. Los padres deberían estar preparados para ello. Los niños captan con gran facilidad los miedos e inseguridades de sus padres lo que podría aumentar sus niveles de estrés. También hay que tener en cuenta que las enfermedades que pueda contraer el niño representarán un importante shock en la agenda de los padres.
  2. Deberían escogerse guarderías de calidad, es decir, aquellas en que los cuidadores sean pedagogos titulados y tengan pocos niños a su cargo. En caso de no tener posibilidad para escoger, hay que valorar si las actividades y relaciones sociales que experimentará vuestro hijo serán más ricas en la guardería o en casa. No tiene demasiado sentido que el niño se quede en casa si los padres no van a poder “hacerle caso”.
  3. El niño debería gozar de un periodo de habituación, familiarizarse con el cuidador, reconocer el centro en compañía de los padres, quedarse solo en el centro y explorar durante unos minutos al principio e ir incrementando, etc.
  4. El tiempo de asistencia no debería superar las 2 horas diarias, algo más si es de calidad. En ningún caso se recomienda pasar las jornadas enteras en la guardería.

BIBLIOGRAFIA

AHNE, Verena. “¿Deben existir las guarderías?” Mente y Cerebro, núm. 35 (2009): p. 20-29.

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